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viernes, 22 de octubre de 2010

3 errores

Si hubiese escrito estoy ayer temprano, la situación que hubiera contado en este post habría sido totalmente distinta de la que voy a escribir ahora. Pero justo ayer a la tarde me sucedió algo que en principio me dejo muy incrédulo.
Estaba en el cine que hay acá en el centro de la ciudad. Los días de semana a la tarde siempre hay poca gente y la mayoría son señores y señoras de edad avanzada. En la hilera siguiente a la mía y un par de asientos hacia la izquierda había una señora (es el sujeto de esta historia, así que mejor llamémosla vieja de mierda, porque me hace sentir mucho mejor) que debía rondar los 70 años. Esta vieja de mierda cometió tres errores imperdonables:
1er. Error: En el medio de la película le sonó el celular (yo como un boludo compenetrado, al principio creí que el sonido venia de la película)
2do. Error: Atendió el celular! (estaba media sorda y hablaba fuerte)
3er. Error: Cuando la persona con la que estaba hablando le pregunto en donde estaba (uno puede suponer muy fácilmente que esta fue la pregunta) ella responde: "en el super". (Todavía no lo creo)
Entonces ahí me encontraba yo intentando prestar atención a la película mientras daba golpes en el asiento adelante mientras gritaba "Hey!" o "Oi!" (No se porque grite eso). Al parecer a todos los otros no les molestaba esta situación por que no dijeron nada. O tal vez como eran todos viejos la respaldaban a la señora por que también ellos alguna vez han cometido semejante conchudez.
(Una última vez: que vieja de mierda.)

jueves, 14 de octubre de 2010

En el Supermercado

No voy mucho a los supermercados. Creo que es por eso que cuando voy no la paso mal. Lo recorro muy lentamente mirando todos los productos, los colores y los logos (una pelotudez bárbara, siento que soy como un bebe que cuando le ponen un móvil en la cuna se lo queda mirando por mucho tiempo y tranquilo).
Así que ahí estaba yo con mi cesto rojo el martes pasado recorriendo la góndola (que buen nombre para un águila) en donde están las galletitas y pensando por que alguien compraría oreos blancas. En un momento escucho la voz de una nena chiquita (por adivinar diría que tenía algo así como 5) que provenía del sector de la verdulería (a unos metros de donde estaba yo) que decía: abu, yo quiero frutillas, cómprame frutillas! Yo, que seguía en estado zombie, me quede mirando como la abuela le respondía que iba a comprarle pero primero quería ver cuanto costaban. La señora agarra una frutilla de toda la gran montaña, la lleva hasta la scanner que da los precios y pasa la frutilla por el censor. Al no recibir reacción de la maquina, la señora dice indignada: estas maquinas nunca funcionan!
Que paso después no lo se, (aunque tengo la teoría la señora se habrá ido a quejar con el encargado por que la maquina no le daba el precio de la frutilla o que armo un ejercito de señoras, con Linda Hamilton a la cabecera, que luchan contra las maquinas) aun en mi estado de zombie, la escena que me causo tanta risa, que no podía contenerla y tuve que volver rápido a esconderme a la góndola de las galletitas.

Aclaración: la abuela no era vieja, habrá tenido entre 55 y 60, así que no se puede su acción por condición de gagá.